Testimonios padres consiliarios

Padre Antonio Villarino MCCJ

Mi experiencia como miembro de los ENS

Llegué a Colombia el 25 de enero de 1999, no por mi voluntad –pertenezco a los Misioneros Combonianos del Corazón Jesús y mi pasión, como la de la mayoría de combonianos, era la misión en África, tierra a la que nuestro fundador dedicó su vida entera y en la que falleció a la joven edad de 50 años– sino por deseo de mis superiores que me enviaron para dirigir la revista Iglesia Sinfronteras, que se dedica a promover una Iglesia misionera.

A pesar de que Colombia no había sido el destino misionero de mi elección, pronto descubrí que el Dios de la Vida y Padre de nuestro Señor Jesucristo, me esperaba aquí con sus muchos dones y con su presencia en personas y realidades que yo ni siquiera imaginaba.

Una de estas realidades fueron los Equipos de Nuestra Señora (ENS). Tuve la suerte de entrar, sin mayor introducción, en el equipo 98 de Bogotá, del que formaban parte Edgardo y Clarita Bernal, los actuales responsables generales del Movimiento. Ellos me fueron introduciendo en la mística y en la práctica de los ENS, tan necesario en este momento de la historia de la Iglesia y del mundo.

No fueron todas rosas ni triunfos. Comprendí que éste es un camino de libertad, tranquilo, sensato, abierto, que puede ayudar a muchas personas que quieren crecer en el milagro de una espiritualidad conyugal, pero que para muchos puede resultar difícil de entender y de perseverar, teniendo en cuenta, sobre todo, las naturales limitaciones de toda convivencia humana y los vaivenes de la vida laical.

Pero, por encima de todo, mi fe en este carisma singular, regalado por el Espíritu a la Iglesia y al mundo en la persona del padre Caffarell y de las primeras parejas que lo acompañaron, fue creciendo continuamente. En Bogotá pude acompañar, además del equipo 98, al 164 y al 146 y también a algún Sector. Ahora, que vivo en Medellín, fui acogido por el equipo 10 de esta ciudad.

Creo firmemente que la espiritualidad conyugal, vivida con serenidad y sencilla profundidad, sin fanatismos ni acomodamientos fáciles, pero con fe y generosidad es un gran regalo de Dios para nuestro tiempo. Como misionero, dedicado totalmente al Evangelio de Jesús, veo en los ENS una comunidad sinodal, antes que el papa Francisco popularizara esta palabra, ejemplo concreto de una Iglesia “comunidad de comunidades”, con fuerte presencia laical. Siempre he dicho que para mí la imagen visible del amor divino es el amor sincero, leal, concreto y fiel de tantas parejas creyentes y practicantes del amor verdadero. Gracias a tantas parejas ENS. Gracias al Señor de la Vida y del Amor. Con ellos me siento discípulo y misionero del Amor definitivo del Padre que a todos nos llama a la vida sin fin.

Padre Antonio Villarino, MCCJ

Consiliario Equipo 10

de Medellín

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Padre Humberto Zapata

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Aportes de un anciano Consiliario

Con la alegría de estos días de preparación para pentecostés, he tenido también la alegría de tomar conciencia de que el Movimiento crece, de que aparecen nuevos equipos, de que más y más personas y parejas se sienten atraídas hacia este camino del Padre Henri Caffarel. ¿Cuál es el secreto para ese enamoramiento con los Equipos? ¿Cómo entender qué significa eso de ser equipista? ¿Qué era lo que tenía el Padre Caffarel en su corazón? He descubierto las siguientes cosas: entiendo que él empezó buscando la santidad, y descubrió entonces que la santidad es un modo de vida; no son actos sueltos. No son acciones ocasionales, sino que es un estilo de vida. A quienes iban conociendo el cristianismo en sus comienzos, les impresionaba ese nuevo modo de vivir. Por eso nuestro fundador quiso ir a las raíces del Evangelio. Quiso buscar la experiencia de Jesús. Quiso entender el sentido de su espiritualidad, que no era otra cosa que caminar hacia nuestra plena identificación con Dios. Teniendo eso claro, quiso entonces crear un camino práctico en el que la espiritualidad pudiera ser la cotidianidad y un modo de vivir permanente. Su primera iluminación fue descubrir la riqueza de vivir la espiritualidad en pareja. ¿Por qué? Porque entendió que, para nosotros los bautizados, la espiritualidad la alcanzamos sobre todo con el gran regalo de la sacramentalidad. Ser sacramento, o sea, ser presencia de Cristo. Somos miembros vivos de su cuerpo. Entonces empezó a indagar en la sacramentalidad. Encontró los 2 sacramentos que llevaban a la perfección ese camino de santidad: el sacerdocio y el matrimonio. El matrimonio es entre 3: la pareja y Dios. ¿Cómo hacer esto presente de una manera viva? De esta manera encontró la necesidad de unir la vivencia del propio sacramento, tanto en las parejas como en el mismo sacerdote. Esto supone un cambio de mentalidad y actitud en el consiliario. El sacerdote tiene usualmente un puesto de preponderancia y dirección en las comunidades, lo que impedía de alguna manera que se viviera la cotidianidad como santidad. La propuesta del Padre Caffarel es que los consiliarios sean simplemente caminantes que van de la mano con las parejas, siendo uno más en el equipo y aportando toda esa fuerza divina de su conocimiento, de su análisis bíblico, pero sobre todo de su experiencia de Dios y de su responsabilidad en la iglesia. Aparece muy claramente la alianza entre el sacramento del matrimonio y el sacramento del sacerdocio formando una misma comunidad con diversas responsabilidades, en la que se pueda vivir el día a día el proceso de santificación mutua. Quiero presentar estas reflexiones, como recomendaciones a quienes empiezan su vida en el Movimiento para que lo descubran no como un espacio de reuniones o de eventos, ni tampoco de fórmulas religiosas o ritos. Es una manera de vivir, la pareja y el consiliario como parte de una pequeña comunidad en la que se vive a la manera de Jesús. Este estilo crea un tejido tan bonito desde abajo, desde sus raíces, que permite una comunicación a gran nivel entre todo el Movimiento, de tal manera que se vuelva una vivencia de cada Equipo y de cada pareja, en cada país y en el mundo entero. En la reunión mensual se recoge esta experiencia de vivencia, estudio bíblico, diálogo y oración como proceso continuado que se enriquece y que permite un control, por decirlo así, del crecimiento que se va teniendo en la comunicación, en el conocimiento pleno del otro y en la capacidad de mirar juntos en la dirección del plan de Dios. Los resultados son maravillosos: conocer a fondo nuestra identidad y nuestra espiritualidad; que todo se realiza en pareja, con la asistencia del compañero consiliario y revivir la problemática de cada pareja, su crecimiento espiritual, el conocimiento de la palabra de Dios. Esto es sagrado y es permanente. Los consiliarios solo somos compañeros de camino, que vamos construyendo con las parejas al visitarlos en sus casas, al atenderlos en confesión, al iluminarlos en la solución de sus problemas para así, ir creciendo junto con su Equipo. Entonces esa es la relación que crea comunidad: esa constancia en las ayudas y en todo el proceso en pareja que se ve cotidianamente. Esa iluminación desde la oración por comunicación directa con Dios, y del estudio de la palabra del Señor diariamente en pareja. Todo esto es una riqueza tan grande que nos permite encontrar ese camino de espiritualidad nuevo y con el que se realiza el sueño del Padre Caffarel. Quiero felicitar a las personas nuevas, a las parejas nuevas, a invitarlos, a que vivan esta espiritualidad nuestra. Es la herencia del Padre Caffarel. Es la vivencia de la santidad en el día a día en pareja y con el apoyo del ministerio sacerdotal, desde la humildad, el servicio, el caminar juntos. Bendiciones para los nuevos consiliarios, felicitaciones al movimiento que crece en amor, crece en espiritualidad, crece en compromiso santificador, crece en felicidad. Todo esto nos augura un muy feliz 2024. Qué alegría esta preparación para Pentecostés, mucha bendiciones para todos.

Padre Humberto Zapata Consiliario Equipo 81 y Equipo 111

Padre Hernán Eduardo Báez Álvarez
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Yo, Hernán Eduardo Báez Álvarez, sacerdote de la Arquidiócesis de Bogotá desde hace 30 años y actualmente asignado como párroco de santa Cecilia, y anteriormente de Nuestra Señora de Aparecida, conocí los Equipos de Nuestra Señora, cuando estaba en la clase de Sacramentos y llegaron Olga Lucía y Antonio Arango para compartir con nosotros y ofrecer su testimonio sobre este sacramento; luego nos invitaron a sumarnos a los ENS...

El siguiente año, y ya como Diácono asignado al Seminario menor, acompañé en varias ocasiones al Equipo de quien era consiliario Alejandro Henao de Brigard.

Un tiempo más adelante me invitaron a acompañar al Equipo 69. De eso hace ya 32 años.... después, y siendo vicario parroquial de San Alberto Magno, acompañé el 101 y ahora estoy acompañando al 159 y desde hace 3 años también al Equipo 170.

Ha sido un tiempo para acompañar mi ministerio sacerdotal con el ministerio esponsal como en un feliz y buen matrimonio.

Siempre he tenido a mi lado parejas que han inspirado mi misión sacerdotal, parejas que me han cuidado, me han rodeado de alegría, fraternidad y testimonio.  Han sido mis hermanos y mis amigos de verdad, por los cuales he sido bendecido generosamente por Diosito.

Alguna vez fui amenazado, (porque a los sacerdotes también los amenazan) por algún grupo delincuencial; y fue el Equipo quien me rodeó, cuidó y acompañó como ese guardián fiel y seguro que nunca me dejaron solo o desprotegido.

Cuando estaba en la parroquia de Santa Rita de Casia, los Equipos trajeron del Brasil la experiencia de +PAREJA y lo quisimos experimentar en Colombia y fue justamente allí donde vivimos el Primer +Pareja en Colombia...

Ese apostolado de los Equipos siempre ha gozado de mi cariño y admiración. Por eso, en todas las parroquias a donde he sido asignado, he llevado la experiencia de +Pareja. Incluso cuando la Pandemia reinaba en el mundo, y yo me encontraba en la parroquia de Nuestra Señora de Aparecida, Dios nos inspiró que los Encuentros de +Pareja podrían ser virtuales y así iniciamos varios grupos. Ellos supieron afrontar toda esa crisis, gracias a esta experiencia de comunidad viva y presente.... Para mí fue una bendición, mediante la cual seguí alimentando mi ministerio y fortaleciendo a tantas parejas que renovaron su vida matrimonial y entraron a los Equipos para fortalecer su amor, esperanza y fe.

He tenido la fortuna de ser consiliario desde que inicié mi Misión Pastoral. La cercanía y amistad con las parejas de los Equipos ha sido un auténtico regalo, así como seguramente lo ha sido para muchos matrimonios el tener un grupo de amigos y una pequeña comunidad de hermanos que alegran el corazón. Una comunidad que acompañan el crecimiento de sus hijos, matrimonios que reman juntos –algunas veces sobre corrientes y tempestades o amenazados por vientos huracanados que arremeten contra la barquita... pero en esa unión y comunión todas las parejas les han apoyado para no naufragar y sí para seguir juntos hasta llegar a la orilla.

Y yo feliz de ir aprendiendo de cada pareja y de cada momento que me han enriquecido con su amistad, fraternidad y alegre compañía.

Padre Alberto Castiblanco Espinoza

A pesar de que llevo apenas un año y medio como consiliario –gracias a la invitación que me hizo el padre Manuel Parra– me he interesado profundamente en ese encuentro de parejas a través de la oración. Comencé colaborando con uno de los equipos que estaba iniciando.

Desde el primer momento me llamó la atención la fortaleza espiritual que tienen las parejas. Cómo se acompañan entre los equipistas, cómo acompañan a los hijos, el esposo a la esposa y viceversa, y ver cómo se unen por medio de la oración; además, la compañía que le hace a los consiliarios y el apoyo de éstos hacia cada una de las parejas en esa ayuda espiritual.

Todas las parejas necesitan fortalecer su vida espiritual, acercarse al Señor a través de la Eucaristía para, así, que ellos puedan robustecer sus lazos matrimoniales. A través de ese vínculo sagrado pueden ayudarse mutuamente para satisfacer sus necesidades. Así mismo, y esto es muy importante, cada matrimonio puede acompañar al consiliario en todo momento para que no viva una vida en soledad, sino que logre alcanzar una vida en familia.

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Padre Omar Ortega

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Fue por la gracia de Nuestro Señor que hace unos 6 años una pareja de los Equipos de Nuestra Señora vino a la parroquia de San Bartolomé Apóstol y me plantearon acompañar unas parejas. Yo no conocía el Movimiento. Como me gusta la pastoral familiar, eso me animó a aceptar la propuesta.

Me parece muy enriquecedor conocer la dinámica de matrimonios que luchan con las dificultades de pareja, con los hijos, parientes y las de relación y trabajo dentro de los equipos. Eso me ha quedado impreso en el sentir.

Me llaman la atención los Puntos Concretos de Esfuerzo, veo que se camina con dificultad porque no hay mucha agudeza espiritual en las parejas. Cuesta mucho desarrollar vida espiritual. Estudio básico elemental y vivencia de la palabra de Dios. En las parejas es necesario aplicar una dosis de sicología de la dinámica conyugal. Es decir, hay que hace acompañamiento en eso. También me resulta difícil dedicarles más tiempo a ellos. Me cuestan las reuniones hasta altas horas de la noche. Pero se comparte muy rico. Hay mucha interacción humana, se tiene en cuenta que somos sacerdotes y nos aprecian mucho.

He acompañado a dos equipos, uno de ellos se desintegró por causa del amor propio. El otro se ha ido reduciendo por movimiento de las parejas. Es un equipo muy sólido.

El matrimonio no tiene mucho acompañamiento espiritual por parte del a iglesia. Hay muchas deficiencias por parte de los párrocos. Los ENS suple eso. Aportan mucho a la solidez, al amor conyugal y a la relación entre padres, hijos y parientes. Es una gran oportunidad de enriquecimiento.

Los bendigo y le pido a Dios porque los ayude a continuar juntos como equipos. Les recomiendo rezar el Santo Rosario, con la sencillez de un niño, para que Nuestra Señora les ayude a ser santos.

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